Revisión y corrección

Los clientes suelen preguntarme si efectivamente envío las traducciones a un segundo lingüista para este efectúe una « corrección ».

En realidad, los clientes se refieren a la « revisión », que consiste en cotejar paso a paso los textos de origen y de destino para garantizar la buena comprensión del texto por parte del traductor y controlar que no hay omisiones o errores de copiado y pegado en las cifras y los nombres propios, así como en la corrección de la redacción, la gramática y la terminología. Asimismo, en el caso de grandes proyectos que requieren la participación de varios traductores, la revisión permite uniformar el estilo y el glosario. Así pues, esta tarea hay que confiársela a un traductor con el mismo nivel de competencia y la misma combinación lingüística que el o los traductores que hayan intervenido en el primer texto. El precio medio de este servicio representa un 50% del coste de la traducción. Es decir que, si la traducción cuesta 10, la revisión costará 5 y el precio total de producción se elevará a 15.

La corrección, en cambio, sólo incluye una rápida lectura del texto traducido para corregir los errores estilísticos y gramaticales más importantes, y únicamente se hace una comparación con el texto de origen para asegurarse de que no hay omisiones o si el texto traducido es incomprensible. A menudo, en las agencias, este trabajo lo realiza un jefe de proyecto de la misma agencia, no necesariamente lingüista, cuya lengua materna coincide con el idioma de destino del texto, pero que no comprende perfectamente idioma de origen (por supuesto, aún así, la agencia aplica la tarifa de « revisión » al cliente). Si se le confía esta labor a un lingüista, este último facturará aproximadamente un 20% de la tarifa de traducción. También puede ocurrir que decidamos confiar la corrección a una persona altamente competente en el campo de especialización tratado en el texto que conozca con exactitud los términos utilizados y la formulación usual de las frases en los documentos redactados por los profesionales del sector, incluso si esta no habla el idioma de origen. Por ejemplo, podemos acudir a un cirujano si en el texto se describen nuevos instrumentos quirúrgicos. Y si el profesional tiene alguna duda, lo ponemos en contacto directo con el traductor para que este le explique lo que ha traducido y cómo. En este caso, el coste es tan elevado como el de la revisión, y hasta más.

Igualmente se puede pedir el servicio Superlujo solicitando tanto la traducción y la revisión por parte de un segundo lingüista como la corrección de un especialista. ¡Todos los días sueño con tener un cliente así de exigente!

Même pas peur !

Avez-vous remarqué que la concurrence des pays de l’Est est souvent utilisée pour faire passer des pratiques peu orthodoxes comme nécessaires ? Les « Chinois » arrivent, leurs produits coûtent mois cher, nos entreprises vont toutes fermer à moins de baisser les coûts de production…

Il faut dire aussi que les industriels ne font pas confiance aux acheteurs. Le consommateur est crétin : voyant un sac qui ressemble à un Prada ou à un Hermès mais qui ne coûte que 30 €, voilà qu’il l’achète sans se douter de rien. Et ce, alors qu’il pouvait sûrement se permettre un objet de haute couture (les clients sont tous milliardaires, mais radins) ! Décidément, ces Chinois sont diaboliques.

Et la traduction dans tout ça ?

La traduction est un service soumis à la concurrence mondiale. Nous aussi, nous avons nos Chinois : des agences puissantes qui travaillent (je ne veux pas dire « exploitent » car la notion de profession libérale devrait exclure ce genre de rapport) avec des traducteurs sous-payés, ou qui font traduire par une machine et relire par une personne peu scrupuleuse et désespérée. Évidemment leurs prix défient toute concurrence, et en plus les clients n’ont souvent aucune idée de ce qu’ils achètent, car ils ne parlent pas la langue cible : que de fois j’ai été contactée par des responsables de la communication désespérés, contraints de tout faire retraduire et finissant par dépenser trois fois plus que le budget initial alloué.

Alors, vais-je m’indigner, crier à l’arnaque et à la concurrence déloyale ?

Pas du tout ! Je ne suis pas sur le même marché qu’eux. Moi je vends du cousu main, de l’artisanat de qualité, je peux proposer de la haute couture ou un vêtement solide qui dure dans le temps.

Et je ne travaille qu’avec des clients intelligents.