¿Por qué los intérpretes son tan caros?
Esta pregunta me la hacen varias veces por semana.
Por ello, dispongo de algunas respuestas listas para usar:
– Un intérprete trabaja en profesión liberal y debe pagar la cuota patronal y salarial, por lo que la mitad de sus ingresos se va en impuestos (igual ocurre con los traductores).
– Como todo trabajador autónomo, el intérprete no está seguro de trabajar todos los días. En consecuencia, sus tarifas se basan en una media de jornadas trabajadas/año. Basta con hacer una comparación con un consultor externo, un grafista, un informático… los profesionales que trabajan como autónomos son más caros que los empleados. Es lógico.
– Una misión, por mucho que sólo dure unas cuantas horas, requiere, por lo menos, un día previo de preparación (búsqueda de documentación específica y de terminología, llamadas y reuniones con el cliente), así como un tiempo de desplazamiento que también será facturado si el viaje se realiza el día que precede la misión. Todo esto justifica que los intérpretes no apliquen una tarifa por hora, sino exclusivamente tarifas diarias: el esfuerzo es el mismo por tres o por seis horas de interpretación.
– Se trata de un oficio muy agotador que no admite ninguna pérdida de eficacia o de calidad. Se requiere una gran concentración y un tiempo de descanso entre las intervenciones y las misiones con el fin de preservar la voz y mantenerse reactivo. Por eso los intérpretes son unos maniáticos de los programas: ¿A qué hora van a comer? ¿A qué hora es la pausa para ir al servicio y para el café? ¿Cuántas pausas hay? ¿Cuántas personas participan? Son agotadores, pero es porque nosotros los agotamos también.
– La especialización, el hecho de que no lo puedan remplazar por cualquiera, se paga. El intérprete tiene títulos de enseñanza superior, se mantiene permanentemente informado y actualizado en sus áreas de especialización y se ejercita en la interpretación, incluso cuando no trabaja. A menudo añade lenguas de trabajo y continúa formándose durante toda su carrera. Lamentablemente, asimismo tiene la nefasta costumbre de alimentarse durante sus ocupaciones puramente intelectuales.
Hago un llamado a mis colegas para completar esta lista: envíen sus comentarios y compartan con nosotros su experiencia sobre cómo se desarrolla su jornada de trabajo y su argumentación para responder a un cliente que lo considera muy caro.

