Una empresa sin estrategia comercial

Puesto que soy traductora ante todo y después gerente de empresa y, por lo tanto, quiero trabajar codo a codo con mis suministradores, he decidido no aplicar un margen fijo a las tarifas de subcontratación. Siempre revendo las palabras y jornadas de interpretación con el mismo recargo de tarifa por unidad.

Es decir que si un suministrador baja su precio, yo también bajo el mío en vez de aumentar mi margen, pero también significa que, si el precio de base es elevado, el mío seguirá el movimiento.

Mi estrategia es simple: todos estamos en el mismo barco y cada uno es responsable de su oferta y de su tarifa. Si un intérprete es caro, es su decisión. Yo no reduzco mi margen porque, con mi método de cálculo de tarifa, no puedo. No soy una jefa de proyecto malévola que, de todas maneras, revende la prestación de servicio a un 200 % de su precio inicial, con lo cual es inútil pedirme una tarifa exorbitante pensando que me basta con coger una comisión más baja. Si el cliente no acepta el presupuesto, qué se le va a hacer, ambos seremos responsables. Además, los lingüistas que trabajan con Fairtrad saben que cuando no ganamos un mercado les envío un correo electrónico anunciando a qué precio se atribuyó el contrato. Siempre hay algunos en el grupo que habían pedido más que los otros, y eso está muy bien, porque cada uno debe asumir su propia posición en el mercado.

Por último, esta es la única forma de practicar una « prestación de servicios equitativa »: la ausencia de margen fijo elimina en seguida la posibilidad de explotar a los proveedores, que son profesionales libres y que tienen la libertad de aplicar su tarifa sin sufrir presiones, pues yo no vendo una traducción al precio fijado por el cliente, sino al precio fijado por el mercado.

Y el mercado, somos nosotros.