Los trucos de la competencia
En la página « ¿Cuánto cuesta?« , hago referencia a un método utilizado por algunas agencias de traducción para reducir sus costes de producción: emplear traductores con poca experiencia, menos caros, y confiar la revisión a un traductor experimentado.
Yo no estoy de acuerdo con este método porque, además de ser poco deontológico, también resulta peligroso.
El primer riesgo es inherente a la calidad inicial. Una traducción realizada por un traductor con poca experiencia, es decir, con una práctica limitada en la materia, tiene muchas posibilidades de incluir desaciertos, pesadeces estilísticas y hasta errores terminológicos. Aun corregido por un lingüista muy bueno, un texto de mala calidad seguirá siendo mediocre. El estilo es a la traducción lo que los ingredientes son a la cocina: si se escatima en los productos básicos, el plato nunca será de excelente calidad, por mucho que lo haya preparado un gran chef.
El segundo riesgo es el de perder buenos colaboradores. Un buen profesional, si siempre se ve en la obligación de reescribirlo todo, terminará rechazando las revisiones. Enviar un texto de mala calidad a un buen traductor para que se encargue de la revisión equivale a decirle claramente que lo que menos nos preocupa es la calidad y que no estamos dispuestos a retribuir correctamente a los profesionales con su nivel de experiencia. En consecuencia, el día en que necesitemos un trabajo de alto nivel, ya sea para traducir o revisar un texto muy especializado, ninguno de nuestros proveedores experimentados querrá trabajar con nosotros.
Por último, me niego a aplicar a los servicios lingüísticos una política que sería inaceptable para cualquier otro tipo de servicio. Imagine que, a cambio de una reducción del 20%, su peluquero le propusiera dejarse cortar el cabello por un aprendiz prometiéndole corregir los errores de su colega en caso de problema. Imagine que su fontanero le hiciera la misma propuesta para reparar un escape. ¿Usted correría el riesgo? Yo no.

